¡Upa! ¡Upa!

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Vicios que matan
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Por la Lic. Eugenia De Loof, Licenciada en Psicología Clínica, adolescentes, adultos y parejas.

Al ver levantar los bracitos de tú bebé, ¿qué hacés? La mayoría de las mamás corren para alzarlo y contenerlo. Pero luego escuchás comentarios como… Si lo alzás mucho lo vas a malcriar… Si lo alzás mucho se va a malacostumbrar y después siempre te va a pedir upa… Mejor si lo acostumbrás a que se quede solito en su cuna, aunque lloré, para que aprenda a estar solo. O si no siempre va a querer estar contigo y no vas a poder hacer nada. Tenés que acostumbrarlo para que sea independiente… Si llora mucho pidiendo upa es porque ya es un malcriado…
“Para que un ser humano sea realmente independiente debe haber sido primero un bebé dependiente”. Eduard Punset

Son tantos los consejos que recibimos y ya no sabemos qué hacer. Se nos parte el corazón viéndolo llorar desconsoladamente pidiendo upa pero queremos hacer lo correcto, siguiendo los consejos de nuestras madres, abuelas, tías o vecinas que también quieren lo mejor para nuestro hijo.

Para el doctor Carlos González, en su libro “Bésame mucho, cómo criar a tus hijos con amor”, alzar al bebé es una cuestión de supervivencia. Cuando no existían cunas, babycall, ni carritos, las madres alzaban a sus bebés las 24 horas del día, no porque fuera cómodo o placentero sino porque el dejarlo significaba la muerte. Cuando un bebé era dejado lloraba tan fuerte, desesperadamente por su vida, que enseguida era alzado por alguien. Los bebés que no lloraban y se quedaban quietecitos eran devorados por los animales. Los bebés preparados genéticamente para llorar fuertemente con insistencia hasta ser alzados, sobrevivieron. Los otros murieron. Nosotros venimos de los que lloraron muy fuertes.

Podemos decir, pero hoy no hay peligros, no hay animales que puedan devorarlo, tenemos casas con murallas y rejas, tenemos sistema de alarma para que ningún extraño pueda ingresar, tenemos cunas con protección, cámaras que lo filman, carritos con cinturones para que no se caigan. Nosotros sabemos y entendemos eso. Nuestro hijo no.

Para nuestro hijo, que viene con la carga genética de miles y miles de años seleccionando a los fuertes, instintivamente necesita sentir el contacto humano para sentirse a salvo, seguro, protegido.

También podemos decir, que le vamos a explicar, contándole que no hay peligro, que no va a pasar nada y que le queremos mucho. Pero el sentido de supervivencia es más fuerte y van a llorar hasta que se cansen al no obtener sin respuesta. ¿Qué pasa entonces?

El doctor John Bowlby fue el primero en comprobar la relación entre los vínculos de la infancia y el futuro comportamiento de las personas en su adultez. En su Teoría del Apego expresa que, el bebé se siente seguro y protegido cuando sus necesidades de contacto son satisfechas favoreciendo su desarrollo psicológico. Al tener una figura de apego accesible, amorosa y estable, aprenden que el mundo es un lugar seguro, cálido y afectuoso; crecen con menos miedos y estables emocionalmente. Los bebés que no tienen una figura de apego o la persona que está a su cargo se comporta de forma fría, inaccesible, sienten que han llegado a un lugar sumamente peligroso y hostil. Crecen por tanto siendo más inseguros y desconfiados, y se convierten en adultos inestables, miedosos o agresivos.

Por lo tanto, al alzarlo upa el bebé encuentra seguridad, confianza, contacto y contención.

Sue Gerhardt en su libro “El Amor Maternal” describe el impacto que las primeras relaciones en la infancia ejercen sobre el funcionamiento psicológico y las patologías de los adultos. El cerebro de cada bebé se desarrolla según las experiencias personales que tenga con su ambiente. Es decir, que las áreas del cerebro que en el futuro serán responsables del comportamiento social, la regulación emocional, el afrontamiento al estrés se desarrollan durante los tres primeros años de vida. Según hayan sido sus cuidados, lo harán normalmente o de forma deficitaria con implicaciones en su conducta social y su salud mental futura. Por otro lado, afirma Gerhardt, dejar llorar a los bebés y no alzarlos sistemáticamente puede ser una fuente de trauma e impedir que se desarrollen estas áreas cerebrales, pudiendo provocar niños más dependientes, con más dificultades de autorregulación, menos capacidades de afrontamiento a situaciones de estrés, menor seguridad en sí mismos. Finalmente afirma que la primera infancia es, en realidad, la base de la salud mental.

Finalmente, el alzarlo upa o escuchar sus necesidades de atención proporciona una fuerte sensación de seguridad emocional, como ser aceptado, querido y protegido y hará a nuestros hijos más independientes, seguros, con capacidad de auto regulación, estabilidad emocional, autoestima y salud mental cuando sean mayores.

Afirma Bowlby, que la relación, el vínculo afectivo que se establece entre madre e hijo, es el modelo para todas las relaciones afectivas que el individuo establecerá durante el resto de su vida.

"La energía que el hombre y la mujer dedican a la producción de bienes materiales aparece cuantificada en todos nuestros índices económicos. Pero la energía que el hombre y la mujer dedican a la producción en sus propios hogares, de niños felices, sanos y seguros de sí mismos, no cuenta para nada en ninguna estadística. Hemos creado un mundo trastornado". John Bowlby