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Por Delia Battilana, ABC Color

El apego entre los padres y sus hijos es vital porque ese afecto producirá consecuencias positivas en el normal desarrollo evolutivo. Sin embargo, con el tiempo no podrán adueñarse de sus vidas, pero sí convertirse en guías en su formación.

El vínculo entre los padres e hijos se produce en la mayoría de los casos. En 1935, Konrad Lorenz demostró que en los mamíferos existe un periodo crítico en el que se puede activar el vínculo. En los humanos se realizaron varias investigaciones; una de ellas fue la del psicólogo John Bowlby, quien formuló la teoría del apego, basada en que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño viene determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto, es decir, de la persona con que se establece el vínculo.

“Existen cuatro formas de apego, según las investigaciones de Bowbly y la psicóloga estadounidense Mary Ainsworth. Una de ellas se denomina apego seguro, que consiste en observar la ansiedad de separación y durante ese momento el niño se angustia, pero cuando la madre regresa, la saluda y se tranquiliza. En sus relaciones futuras, las personas con estilo seguro se caracterizarán por ser amistosos y no se preocupan por abandonos y establecer relaciones emocionales cercanas. Luego, se conoce el apego evasivo, cuando el bebé muestra poca ansiedad durante la separación y poco interés en el posterior reencuentro. La mamá es desapegada y el pequeño evita el contacto afectivo, y ella es fría y distante. Con el tiempo se mostrarán desconfiados e incómodos al iniciar alguna relación”, explica la licenciada Eugenia De Loof. También añade que el apego ansioso ambivalente es cuando el niño presenta ansiedad de separación, pero no se tranquiliza cuando su madre vuelve. Se lo ve rabioso, aferrado o enojado con la misma. Busca la comunicación de manera ansiosa y exagerada. Esto generará que sean inseguros, poco inteligentes y creerán que sus parejas no los aman y sentirán temor al abandono. En cuanto al apego desorganizado, el niño carece de estrategias para enfrentar la situación, en la separación se comporta de forma confusa, tampoco se apega cuando ella vuelve. Una relación sólida y saludable se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, es decir, la calidad del apego que reciba el bebé va a influir en cómo se comportará y desarrollará posteriormente.

Efectos del apego

Un apego seguro producirá consecuencias positivas en el normal desarrollo evolutivo del niño. Muchas investigaciones relacionan este tipo de apego con una mayor capacidad cognitiva, un sano desarrollo socioemocional, actitudes más cooperadoras y autoestima. Sin embargo, la sobreprotección es probable que genere en el niño una dependencia excesiva y, además, inseguridad, baja autoestima, desconfianza y dificultad para vincularse en relaciones sociales efectivas. A veces, los niños muestran resistencia a los cambios, prefieren jugar solos, tienen dificultad para adaptarse a ambientes nuevos, les es muy difícil separarse de la figura de la cual dependen. De Loof rescata un consejo de la teoría de John Bowlby: "Es esencial para la salud mental que el bebé y el niño pequeño tengan una relación íntima, cálida y continua con su madre, en la que los dos encuentren alegría y satisfacción. Así debemos instar a las madres a brindar ese tipo de apego sano para el buen desarrollo infantil”.

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