Haciéndonos amigos de la emoción

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La aproximación meditativa de la emoción implica mantenernos en nuestro lugar y permanecer presentes en medio de cualquier tormenta emocional, dejar de lado los juicios y guiones al respecto, y llegar a sentir las emociones más directamente y abrirnos a toda su energía y poder. Si lo hacemos así podremos descubrir la intensa ternura de nuestra vitalidad.
Amigarnos de este modo con las emociones también nos permiten descubrir la gran inteligencia que se oculta dentro de ellas. Liberado de la reactividad, el enfado puede convertirse en un medio de la comunicación directa más que en un arma. De este modo, el miedo deja de ser un desencadénate de la huida y se transforma en una señal de alarma que reclama nuestra atención. Cuando advertimos que la soledad es un anhelo de una mayor conexión y la tristeza una plenitud del corazón, estos sentimientos recuperan su dignidad esencial y dejan de vivirse como una carga. John Welwood