Amigo Invisible

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Mi amigo imaginario

Todos hemos oído hablar de los amigos imaginarios. Incluso, muchos recordamos haber tenido uno en la infancia. Sin embargo, cuando son nuestros hijos quienes empiezan a “hablar” con su amigo imaginario, esto nos genera muchas dudas y preocupaciones.

¿Es normal que mi hijo tenga un amigo imaginario?

Sí, es normal. En la etapa entre los 2 y los 7 años, el pensamiento del niño es mágico y este es el momento que Piaget llama etapa preoperacional. El pensamiento mágico implica que los niños creen que la magia puede producir acontecimientos..

¿Es positivo para su crecimiento que tengan amigos imaginarios?

Sí, ya que, generalmente, los amigos imaginarios ayudan expresar miedos, inquietudes, alegrías, deseos, entre otros. A través de su amigo imaginario, el niño puede dar a conocer sus sentimientos negativos y positivos, superar sus miedos, conflictos o fobias, y puede adquirir más confianza en él mismo. Además, el amigo imaginario facilita el desarrollo de habilidades sociales.

¿Es positivo para su crecimiento que tengan amigos imaginarios?

No tiene características definidas. Puede ser cualquier cosa: un peluche, una muñeca, personajes inventados o algo que solo el niño puede ver. Lo central es que tiene vida y puede conversar, jugar, comer, llorar… todo lo que el niño quiera. Hasta puede tener una personalidad, un nombre, un lugar en la mesa y hasta una cama.

¿Qué podemos hacer los padres?

En primer lugar, no hay que burlarse ni retar al niño por tener un amigo imaginario. Tampoco es recomendable participar de sus juegos. Simplemente, hay que observar neutralmente (ni estimular, ni reprimir) para poder obtener alguna información que pueda ser útil como, por ejemplo, detectar algún miedo, deseo o necesidad de nuestro hijo.
Lo que sí podemos, es intentar encontrar algunas pistas sobre el amigo. Una forma de hacerlo es preguntarle al niño en qué lo ayuda este amigo imaginario y qué cosas hace él. Así, podemos tener una idea de qué está expresando a través del amigo imaginario. En algunos casos, en el fondo, el niño puede saber que está jugando a «como si» ese amigo fuese real. En este caso, podemos ayudarlo para que, de a poco, desarrolle la capacidad de entrar y salir de la fantasía.

¿Cuándo nos debemos preocupar?

Nos debemos preocupar cuando el niño ya no puede desenvolverse normalmente dentro de su ambiente sin el amigo, es decir, cuando el niño ya no cumple con sus tareas cotidianas, no desea tener amigos reales ni relacionarse con otros niños de su edad. Además, hay que estar atentos por si se vuelve muy retraído o agresivo.